Es increíble lo hábil que eres para tomar todo lo que puedes alcanzar a tu alrededor y lo rápido que te lo metes a la boca. Miro para otro lado dos segundos y ya tienes mi celular lleno de babitas. Se despertó tu curiosidad. Tomas el control remoto del televisor, presionas todas las teclas de colores, muerdes con tu único diente los bordes, dejando pequeñas y graciosas marcas. Eres un arqueólogo investigador preguntándote porqué esa cajita reacciona cuando la tocas. Porqué se prenden luces y produce sonidos extraños al tocarla con tus deditos. Tu papá te llama por teléfono y me miras con asombro: ¿Cómo hizo mi papá para entrar en esa cajita?
El teléfono, el control remoto, el plato de comida, cualquier objeto que esté a tu alcance. Lo tomas y le das la vuelta. Lo miras por arriba, por abajo, lo desbaratas si puedes. Lo botas al piso y te ríes cada vez que lo recojo. ¿Qué se cruzará por tu mente? Descubres que es blando, duro, frio, caliente, suave, áspero, grande, pequeño, agradable, desagradable, dulce, salado o agrio.
El mundo se vuelve grande ante tus maravillados ojitos de pestañas encrespadas. Yo trato de volverlo más grande. Te dejo cositas cerca para que sigas conociendo. Una mandarina que cuando muerdes, haces muecas. Un pañuelo que agitas como sonajero. Un sombrero que pronto adivinas cómo funciona y te lo pones.
Mi mundo eres tú y yo te mostraré con pequeñas cosas un maravilloso mundo nuevo. Lleno de colores, sonidos y texturas. Te ayudaré a hacer descubrimientos increíbles en cada milímetro cuadrado que te rodea. Te haré muy feliz mi pequeño explorador.
Te amo, tu mami.